El Financial Times reporta que la IA ha llevado a empleadores como L'Oréal a volver a las evaluaciones presenciales — abandonando los procesos remotos mediados por IA que supuestamente harían el reclutamiento más rápido y barato. No están solos. Google y Cisco reinstauraron las entrevistas presenciales el año pasado. McKinsey está reformulando todo su proceso de contratación. La tecnología más avanzada de la historia moderna está empujando al mercado laboral hacia la forma más básica de evaluación humana: sentarse frente a alguien en una sala.
Primera Fase: Las Empresas Despliegan la IA
La historia comienza alrededor de 2019, cuando los empleadores empezaron a usar IA para filtrar el aluvión de postulaciones que internet había creado. La herramienta de análisis facial y de voz con IA de HireVue prometía evaluar candidatos a partir de entrevistas en video — leyendo expresiones faciales, patrones vocales y elección de palabras para predecir el rendimiento laboral. Los filtros automáticos de currículums aplicaban machine learning para ordenar a cientos de candidatos en segundos. La tecnología ya estaba obligando a los asesores de carrera a adaptar sus consejos: los candidatos necesitaban escribir para los algoritmos, no para los humanos.
La promesa era eficiencia. En lugar de que los gerentes de contratación leyeran 500 currículums, la IA sacaría los 20 mejores. En lugar de realizar 50 llamadas preliminares, la IA ordenaría a los candidatos de forma automática. El humano solo aparecería en la etapa final.
Segunda Fase: Los Candidatos Contraatacan
La aparición de ChatGPT transformó la lógica del sistema: lo que había sido una ventaja unilateral para los empleadores se convirtió, casi de inmediato, en una carrera armamentista entre dos partes igualmente equipadas.
A mediados de 2024, cerca de la mitad de todos los candidatos usaban chatbots de IA para escribir currículums, redactar cartas de presentación y completar evaluaciones a distancia. Un estudio en el Reino Unido encontró que los empleadores que reclutaban egresados recibían un promedio de 140 postulaciones por puesto — muchas generadas por IA, muchas indistinguibles de las escritas por humanos. El filtro de IA que debía seleccionar candidatos ahora evaluaba candidatos que habían sido optimizados por una IA diferente.
En junio de 2025, el New York Times reportaba que los currículums generados por IA desbordaban a los empleadores. Las postulaciones parecían perfectas — pulidas, optimizadas con palabras clave, ajustadas con precisión quirúrgica a cada descripción de puesto. Y eran, cada vez más, ficticias. La IA podía fabricar trayectorias laborales plausibles, inventar descripciones de proyectos y cumplir los requisitos de cualquier oferta de trabajo. Los empleadores ya no podían distinguir qué candidatos eran reales.
Tercera Fase: El Sistema Se Rompe
El bucle de IA contra IA generó una cascada de fallos. El Financial Times reportó que la carrera armamentista de IA entre empleadores y candidatos no estaba funcionando bien para nadie. Las entrevistas de trabajo se volvieron más agotadoras a medida que las empresas sumaban capas de verificación — pruebas técnicas, desafíos de código en tiempo real, evaluaciones de varios días — para atravesar las postulaciones pulidas por IA. Videos virales de TikTok mostraban bots con fallas conduciendo entrevistas de trabajo, alejando precisamente a los candidatos que las empresas querían atraer.
The Washington Post documentó la desconfianza en ambos lados: los candidatos sospechaban que la IA rechazaba a postulantes calificados basándose en coincidencias arbitrarias de palabras clave, mientras los empleadores sospechaban que la IA fabricaba candidatos calificados que en realidad no podían hacer el trabajo. Ambos tenían razón. Lo notable no era el fracaso en sí — era que el fracaso era simétrico, es decir, cada bando había optimizado tan bien contra el otro que el proceso dejó de producir información útil para cualquiera.
Ambos lados desplegaron IA. Ambos lados perdieron. La señal — aquello que el proceso de contratación se supone que detecta — desapareció bajo capas de optimización.
De ahí que el problema fuera estructural y no meramente técnico. El filtro de IA funcionaba cuando solo los empleadores tenían IA; en el momento en que los candidatos accedieron a la misma tecnología, cada optimización que aprendía el filtro podía ser revertida por la IA del candidato, hasta que el proceso de selección se convirtió en una competencia entre dos inteligencias artificiales en la que el humano — el candidato real — era cada vez más irrelevante.
Cuarta Fase: El Regreso a lo Analógico
Las empresas que habían apostado más agresivamente por la contratación asistida por IA fueron también las primeras en reconocer el límite de esa apuesta.
- Mar 2025 Google y otras empresas consideran restablecer las entrevistas presenciales para contrarrestar las postulaciones mejoradas por IA.
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AGO 2025Google, Cisco y otros reinstauran las entrevistas presenciales. El regreso es explícito: la evaluación en persona es la única señal fiable que queda.
- Ene 2026 McKinsey pilotea una revisión completa de su proceso de reclutamiento, repensando cómo evalúa candidatos en un entorno saturado de IA.
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MAR 2026L'Oréal y otras empresas vuelven a las evaluaciones presenciales. El ciclo se completa.
El Patrón
Cabe señalar que este desenlace sigue exactamente la misma lógica estructural que la de los ajedrecistas que eligen movidas subóptimas para confundir a la IA: cuando todos tienen acceso a la misma inteligencia artificial, la ventaja competitiva se desplaza hacia lo que esa inteligencia no puede replicar. En el ajedrez, es la imprevisibilidad deliberada. En la contratación, es la presencia física — la única señal que ningún modelo de lenguaje puede generar, optimizar ni falsificar.
La evaluación presencial exige que los candidatos viajen y que los gerentes bloqueen sus agendas; es, por cualquier métrica de eficiencia, un retroceso. Y es, paradójicamente, el único proceso que funciona cuando ambas partes tienen IA, precisamente porque su costo no puede ser eliminado por ningún algoritmo.
Las empresas que vuelven a la evaluación presencial no son luditas. Google y Cisco están entre los empleadores más comprometidos con la IA en el mundo. No rechazan la tecnología — responden a lo que ocurre cuando la IA satura un mercado de dos lados. El filtro y el postulante se optimizaron mutuamente hasta que el proceso generó ruido en lugar de señal. El remedio no era mejor IA. Era menos IA.
Hace siete años, HireVue escaneaba rostros para evaluar candidatos. Hoy, las empresas más sofisticadas del mundo han llegado a la conclusión de que la mejor tecnología de contratación es una sala de reuniones y un apretón de manos. Las herramientas cambiaron. El problema no. Y cuando ambos lados de la mesa tienen las mismas herramientas, la ventaja la tiene quien primero las deja.